El hoyo 11 fue el verdugo de la última ronda en el Bank of Utah Championship
Un repaso estadístico, hoyo por hoyo, de la ronda final en Black Desert: por qué el 11 se convirtió en la pesadilla del campo mientras los pares 5 de cierre regalaron golpes a espuertas.
La ronda final del Bank of Utah Championship, disputada en Black Desert, Ivins, Utah, terminó con un campo generoso: en promedio, los jugadores cerraron casi tres golpes por debajo del par (-2.95). Pero ese número global esconde una realidad mucho más despareja hoyo por hoyo, con tramos donde la tarjeta se complicaba en serio y otros donde directamente invitaba al birdie. Según el análisis estadístico de DataGolf, el hoyo que más sufrió el campo fue el 11, un par 4 que jugó 0.27 golpes por encima del par.
El hoyo que nadie pudo descifrar
El 11 fue, lejos, el más castigador de la ronda. Con un promedio de 4.27 golpes sobre un par 4, la relación entre birdies y bogeys cuenta la historia por sí sola: apenas 3 jugadores lograron hacer birdie, mientras que 18 se fueron con bogey y otros 2 terminaron con doble bogey o peor. La gran mayoría de los que pasaron por ese hoyo salieron con un golpe extra en la tarjeta, y los birdies fueron una rareza. En una ronda donde el campo promedió casi tres bajo par, encontrar un hoyo que jugó por encima del par es una señal clara de que algo en ese tramo exigía precisión: la proporción de 6 bogeys por cada birdie es de las más altas que puede verse en una ronda de PGA Tour.
Una racha de hoyos complicados: 11, 13 y 16
El 11 no estuvo solo. El podio de la dificultad lo completaron el 13 y el 16, también pares 4, también con saldo positivo respecto del par (+0.17 y +0.14 respectivamente). En el 13 hubo 5 birdies contra 13 bogeys y 2 dobles o peor, mientras que en el 16 la balanza se achicó un poco más: 7 birdies contra 12 bogeys y 2 dobles. La tendencia es elocuente: los tres hoyos más difíciles de la ronda final fueron pares 4, y en los tres la cantidad de bogeys multiplicó ampliamente a la de birdies. Ningún par 3 ni par 5 figura entre los complicados, lo que sugiere que la vuelta final se definió, sobre todo, en esos tramos de par 4 donde el margen de error era mínimo.
Los pares 5 que regalaron golpes
En el otro extremo, los dos hoyos más accesibles de la ronda fueron, también coincidentemente, los dos pares 5 destacados en la estadística: el 7 y el 18. Ambos jugaron exactamente igual, con un promedio de 4.34 golpes y una diferencia de -0.66 respecto del par. La diferencia está en el detalle: en el 7 hubo 48 birdies contra solo 4 bogeys y ningún doble bogey, una proporción de 12 a 1. En el 18, el cierre de la vuelta, los birdies fueron 37 contra apenas 1 bogey y 1 doble bogey o peor. Que el hoyo final del campo haya sido uno de los dos más generosos explica, en parte, por qué tantos jugadores pudieron firmar rondas bajas pese a la dureza del tramo intermedio con el 11, el 13 y el 16.
La lectura completa de la ronda
El contraste entre ambos extremos pinta el perfil de la ronda final: un campo que ofrecía revancha en los pares 5, especialmente al cierre, pero que exigía máxima solidez en una serie de pares 4 donde el error se pagaba caro. Para cualquiera que haya estado jugándose el título, llegar al 18 con margen después de sobrevivir al 11, al 13 y al 16 era, probablemente, la clave del día. La estadística hoyo por hoyo de DataGolf deja en claro que no todos los golpes bajo par de esta ronda final pesaron lo mismo: los que se lograron en el 7 y el 18 fueron, en gran medida, la contracara de lo que costó sobrevivir en la mitad del campo.
Foto: Wojciech Migda (Wmigda) / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
Fuente: DataGolf
