El hoyo 11 fue el verdugo de la ronda 2 en el Bank of Utah Championship
Con el doble de bogeys que de birdies, el par 4 número 11 se convirtió en la pesadilla del campo de Ivins, Utah, en una jornada donde el resto del recorrido cedió golpes sin parar.
La segunda ronda del Bank of Utah Championship, torneo del PGA Tour que se disputa en Ivins, Utah, dejó un campo extremadamente generoso con los jugadores: según el análisis de estadística hoyo por hoyo de DataGolf, el promedio general fue de 2,87 golpes bajo el par de la cancha. En un contexto así, donde casi todo el recorrido invita al ataque, el hoyo 11 se destacó por ser la única trampa real de la vuelta.
El 11, un oasis de resistencia en un campo que regala golpes
El par 4 número 11 jugó a un promedio de 4,18 golpes, 0,18 por encima del par, y fue el hoyo que más claramente terminó sobre el par en toda la ronda. La cifra que más llama la atención no es el promedio en sí, sino la relación entre birdies y bogeys: apenas 12 birdies contra 24 bogeys y 4 dobles bogeys o peor. Es decir, por cada jugador que logró sacarle un golpe al hoyo, otros dos terminaron entregándolo. En una ronda donde el scoring general fue tan bajo, esa proporción invertida marca a las claras cuál fue el hoyo que realmente exigió precisión.
Los otros dos complicados, pero con matices
Detrás del 11 aparecieron el 16 y el 4, ambos pares 4 que terminaron apenas sobre el par (4,03 de promedio, +0,03). Sin embargo, no fueron equivalentes en su comportamiento: el hoyo 16 tuvo un balance parejo entre birdies y bogeys (10 y 10), lo que sugiere un hoyo más parejo, donde el resultado dependió más de la ejecución puntual que de una dificultad estructural marcada. El hoyo 4, en cambio, tuvo casi el doble de birdies que el 16 (18) pero también más bogeys (15) y tres dobles bogeys o peor, un patrón de alto riesgo y alta recompensa: generó tantas oportunidades de birdie como de error grave.
Los hoyos que el campo regaló
En el otro extremo, el hoyo 14, par 4, fue literalmente un regalo: promedio de 3,37 golpes, 0,63 bajo el par, con 63 birdies contra apenas 4 bogeys y un solo doble bogey o peor en toda la ronda. Esa cifra de birdies es elocuente: en la gran mayoría de las vueltas de la jornada, el 14 terminó siendo sinónimo de golpe de menos. El par 5 número 7 acompañó esa tendencia con un promedio de 4,57 (0,43 bajo el par) y 51 birdies contra apenas 5 bogeys, un comportamiento típico de un par 5 alcanzable en dos golpes para buena parte del campo.
Lo que explica el contraste
La diferencia entre el hoyo 11 y el resto del recorrido no se explica por el par de cada hoyo —de hecho, tanto el 11 como el 16 y el 4 son pares 4, los mismos que el 14, que fue el más fácil de toda la ronda—, sino por cómo se distribuyeron los resultados dentro de cada uno. Mientras que en el 14 y en el 7 los birdies superaron ampliamente a los bogeys en una proporción de más de diez a uno, en el 11 la relación se invirtió: el doble de bogeys que de birdies. Esa asimetría es la que termina empujando el promedio por encima del par en un campo que, en conjunto, jugó casi tres golpes bajo la referencia.
Qué mirar en lo que resta del torneo
Con el hoyo 11 confirmado como el principal obstáculo del campo y el 14 y el 7 como las chances más claras de birdie, vale la pena seguir de cerca cómo se comporta el liderazgo en esos tramos durante el fin de semana. En un torneo donde el scoring promedio es tan bajo, los golpes que se pierdan en el 11 —o los que se ganen en el 14 y el 7— pueden terminar siendo la diferencia entre pelear por el título y quedar relegado en la tabla.
Foto: PGC / Wikimedia Commons (CC0)
Fuente: DataGolf
