El hoyo 13 fue el verdugo de la tercera ronda en el Bank of Utah Championship
Con el campo jugando casi tres golpes bajo el par, un par 4 resultó el más temido: apenas 7 birdies contra 15 bogeys, según el análisis de El Fantasma del Golf con datos de DataGolf.
La tercera ronda del Bank of Utah Championship, que se disputa en el Black Desert Resort de Ivins, Utah, dejó un escenario de baja resistencia generalizada: el campo promedió 2,89 golpes bajo el par, un número que confirma lo que suele pasar en este evento del PGA Tour, donde los birdies abundan. Pero en medio de esa fiesta de resultados bajos, hubo un hoyo que se resistió a la tendencia general y terminó siendo, por lejos, el más incómodo de la jornada.
El 13, un par 4 que no perdonó
El hoyo 13, un par 4, jugó en promedio 4,20 golpes, es decir 0,20 por encima del par. La cifra en sí no suena dramática, pero el desglose revela la verdadera historia: solamente 7 jugadores hicieron birdie, mientras que 15 se fueron con bogey y 2 terminaron con doble bogey o peor. Según los datos recopilados por DataGolf, esa relación de más de dos bogeys por cada birdie convierte al 13 en una anomalía dentro de una ronda que, en el resto del campo, repartió golpes bajos casi sin pausa. En un recorrido donde el score promedio general estuvo cerca de tres bajo el par, encontrar un hoyo que juegue por encima del par es una señal clara de que algo en ese tramo exige mucha más precisión que el resto.
El 16 acompañó la tendencia, aunque con menos drama
El segundo hoyo más duro fue el 16, también par 4, con un promedio de 4,10 golpes (+0,10). Ahí la proporción fue más pareja: 5 birdies contra 8 bogeys y apenas 1 doble bogey o peor. Es un castigo más moderado que el del 13, pero confirma que los pares 4 de ese tramo final fueron los que más trabajo le dieron a los jugadores en esta ronda. Completó el podio de la dificultad el hoyo 3, un par 3 que jugó prácticamente al par (3,06 de promedio, +0,06), con un reparto casi simétrico de 9 birdies y 9 bogeys, más 2 dobles bogeys o peor.
Enfrente, dos hoyos que regalaron golpes
El contraste con los hoyos más accesibles de la ronda es contundente. El 14, un par 4, fue directamente un festín: promedió 3,37 golpes, 0,63 por debajo del par, con 47 birdies contra apenas 1 bogey y 1 doble bogey o peor. Es un número que prácticamente no deja margen de interpretación: casi todo el campo pasó por ahí para sumar, no para sufrir. El 18, el par 5 de cierre, también se dejó querer: 4,38 de promedio (-0,62), con 38 birdies frente a solo 4 bogeys. Tiene sentido que un par 5 final funcione como última oportunidad de ataque, y los números confirman que la mayoría de los jugadores lo aprovechó.
Qué dice esto del estado del campo
La lectura global es clara: el Black Desert Resort se dejó atacar en casi todos sus sectores, salvo en ese tramo de pares 4 entre el 13 y el 16 que funcionó como el verdadero filtro de la ronda. Mientras que en los hoyos 14 y 18 la mayoría del campo sumó referencias bajas sin sobresaltos, en el 13 la relación de más de dos bogeys por cada birdie muestra que ahí sí hubo consecuencias reales para quien falló el approach o quedó corto de distancia. En un torneo donde el promedio general ronda casi los tres bajo el par, un hoyo que castiga con 15 bogeys en una sola ronda se convierte automáticamente en el que puede definir diferencias en la tabla.
Qué mirar en la ronda final
De cara a la última vuelta, el hoyo 13 vuelve a presentarse como el gran test del campo: si la tendencia se mantiene, ahí es donde pueden abrirse diferencias entre los puestos de arriba. En el otro extremo, el 14 y el 18 seguirán siendo las mejores chances de birdie o eagle para quien necesite recortar distancia antes de llegar al cierre. En un campo que premia la agresividad, la combinación de esos dos extremos —un hoyo que castiga y dos que regalan— puede terminar de definir al campeón del fin de semana.
Foto: Edewaa Foster / StockSnap (CC0)
Fuente: DataGolf
