Amo el Trackman, pero sin un buen médico los números no sirven de nada

Esta semana Pablo Sola me mandó un reel de Golf Digest: Butch Harmon, en el podcast The Real Deal, diciendo que la instrucción moderna perdió el rumbo, que ya no es fan de cómo se usa hoy la tecnología. Lo miré dos veces, y la verdad es que me hizo acordar a algo que vengo pensando hace rato.

Primero lo quiero dejar bien claro, porque no quiero que esto se lea como una bajada de línea contra la tecnología: amo el Trackman. Me parece una herramienta espectacular. Ver el spin, el ángulo de ataque, la velocidad de cabeza, todo eso en tiempo real es una revolución comparado con lo que teníamos hace quince años, cuando uno se guiaba solo por el ojo y la sensación.

El estudio no es el diagnóstico

Pero tengo la certeza de algo: ver los números solo te sirve si hay un buen médico de por medio. Un Trackman sin alguien que sepa leerlo es como una resonancia sin un médico que la interprete. Los datos están ahí, fríos, precisos, pero no te dicen qué hacer con ellos. Eso lo tiene que traducir una persona con ojo, con experiencia, que entienda tu swing y tu juego particular -no una planilla.

Y acá es donde sigo creyendo en algo que quizás suene antiguo: todavía creo en esos médicos clínicos de antes, los que no te mandaban a hacer quince estudios para darte un buen diagnóstico. Los que con mirarte, preguntarte un par de cosas y tocar donde dolía, ya sabían qué tenías. Creo en los profes de golf que son así: los que no basan todo su laburo en los números fríos, sino en mirar, en preguntar, en sentir el swing del alumno que tienen enfrente.

No es casualidad que Harmon, que lleva más de cuarenta años mirando swings de los mejores jugadores del mundo, diga lo que dice. No habla desde la ignorancia de la tecnología: habla desde la experiencia de haber visto a mucha gente perderse mirando una pantalla en vez de mirar a la persona que tiene adelante.

Herramienta sí, reemplazo no

Mi idea con esto no es decir que hay que tirar el Trackman a la basura, ni mucho menos. Es una herramienta buenísima en las manos correctas. El problema no es el dato: es cuando el dato reemplaza al criterio, cuando confundimos el número con la verdad y nos olvidamos de que atrás de cada swing hay una persona, con su cuerpo, su historia y su forma particular de jugar al golf.

Así que si me preguntan, mi respuesta es simple: usen el Trackman, úsenlo a fondo, pero elijan bien a su médico.

Fuente: reel de Golf Digest con declaraciones de Butch Harmon en el podcast The Real Deal, compartido por Pablo Sola.

Compartir esta nota:WhatsAppFacebookXEmail

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *