Dia 3

Señores, el PGA Championship entra en su último día y el tablero está como nos gusta: apretado, incómodo, con números rojos que no se regalan y con varios campeones grandes respirándole en la nuca al líder.

Rory McIlroy ya no es el mismo Rory de antes. El saco verde de 2025 le quitó una mochila que venía cargando desde hacía años. No fue solo ganar Augusta: fue cerrar una historia, completar el Grand Slam y dejar de jugar cada major con esa pregunta pesada arriba de los hombros. Tan grande fue ese alivio que su documental Rory McIlroy: The Masters Wait gira justamente alrededor de esa espera, esa deuda con la chaqueta verde y ese ajuste de cuentas con su propio legado.

Y en 2026 volvió a vestirse de verde. Pero esta vez se lo veía distinto. Antes de 2025, con Rory siempre flotaba la sensación de que algo podía pasar. Un drive perdido, un putt corto, una vuelta que se escapaba de golpe. Ahora no. Ahora camina como alguien que ya cruzó el puente que más miedo le daba cruzar.

Por eso lo de esta semana en Aronimink tiene otro sabor. Arrancó el PGA con un 74, una vuelta mala, áspera, de esas que antes podían enterrarlo emocionalmente. Cuando le pidieron que describiera su ronda, fue brutal: una sola palabra, irreproducible para una mesa familiar, pero perfectamente entendible para cualquiera que haya jugado mal al golf. Después explicó que no estaba manejando bien el driver, que no encontraba ni distancia ni precisión, y que esa frustración lo venía acompañando.

Pero el viernes apareció el campeón: 67 sin bogeys. Y el sábado, en la R3, directamente se metió en el torneo con un 66 que lo volvió a poner en conversación. Seis birdies, dos bogeys y una escalada de esas que cambian el aire de un major. De estar mirando el corte con preocupación a mirar el domingo con hambre. Eso también es Rory, señores. Solo que ahora es un Rory sin cadena en el tobillo.

Scottie Scheffler, mientras tanto, sigue en números rojos. Está ahí. No desapareció. No se cayó del mapa. Pero algo no está terminando de encender. El número uno del mundo parece cerca, pero no llega ese momento Scottie en el que el torneo empieza a tener cara de inevitabilidad. El viernes ya había hablado de posiciones de bandera “absurdas”, especialmente en el 14, y no fue el único que sintió que Aronimink estaba pidiendo algo más que golf correcto.

Después de verlo quedar a un golpe de definir por el saco verde, muchos pensamos que Scottie volvía con todo. Y seguramente volverá. Ojalá sea pronto. Ojalá junio o julio nos lo devuelvan levantando un trofeo grande, porque el golf también necesita al número uno dando batalla hasta el último green.

Pero ahora quiero hablar de Rambo.

Jon Rahm está otra vez ahí. A un golpe, en la pelea, con esa presencia de jugador pesado que no necesita hacer ruido para incomodar. El hombre que ya lució la chaqueta verde en 2023 tuvo un Masters 2026 flojo, y enseguida apareció el comentario fácil: que si LIV, que si la falta de competencia, que si el ritmo, que si el calendario. Yo solo quiero que gane para sacar ese argumento del mapa.

Porque Rahm es un campeón, señores. Un campeón grande. Un jugador de verdad. De esos que pueden mirar un domingo de major a la cara sin pedir permiso.

El tablero no está para pronósticos valientes. Yo había dicho que el ganador podía cerrarlo en -10, pero viendo cómo se está defendiendo Aronimink, no creo que lleguen tan bajo. Nadie lo sabe. Quizás el campo entregue algo más. Quizás las banderas vuelvan a morder. Quizás algún dardo encuentre humedad, pique y se quede al lado del hoyo. La leve chance de clima cambiante siempre puede ayudar a que algunos ataquen más directo, aunque el pronóstico para Newtown Square marca mayormente sol y calor para el domingo.

Mañana se alza el Wanamaker Trophy, ese trofeo enorme que no permite campeones livianos. Y lo más lindo es que no parece haber un dueño claro.

Rory viene sin mochila.
Scottie viene con cuentas pendientes.
Rahm viene con ganas de callar ruido.
Y Aronimink viene avisando que acá nadie pasa gratis.

Señores, mañana ya domingo.
Y los domingos de major no se explican: se sobreviven.

Nublado020°

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